lunes, 19 de julio de 2010

CARL WARNER - FOODSCAPES




El fotógrafo británico Carl Warner es el creador de una serie de imágenes en las que utiliza básicamente alimentos para formar sus escenas.

Sus llamadas “foodscapes” (unión de las palabras food = alimento y landscape = paisaje) muestran cavernas submarinas, bosques, playas bajo el sol, etc., usando frutas, legumbres, quesos y pastas, entre otras cosas.


En este bosque, los árboles están hechos de brócolis, con guisantes colgados, y los senderos están pavimentados con comino. Las montañas son de pan. Nubes de coliflor adornan el cielo.


Los ingredientes comestibles en esta escena rural de inspiración italiana incluyen un carrito hecho de lasaña, campos de macarrones y nubes de mozzarella. Árboles de pimiento y perejil completan el escenario. Al fondo, un pueblecito de queso.


Esta caverna no está hecha con frutos del mar. Las “rocas” son de pan, pero, las del fondo del mar, son de coliflor. Para dar la sensación tridimensional a las fotos, cada escenario se monta sobre una mesa de cerca de 3 metros cuadrados. 


El mar rojizo de esta playa, a la “puesta de sol”, está hecho de lonchas de salmón. Patatas y pan forman las rocas. Un barquito de guisante completa la escena.


Cocina italiana con muchas verduras y pastas. Casas de queso.


La creatividad  es impresionante: globos de frutas y legumbres, árboles de brócoli, rocas de patata, sembrados de mazorcas de maíz y pepinos, pueblo de queso, torre de zanahoria…


Granos y setas.



El “plato” del arcoiris quedó perfecto tras un bosque de verduras y patatas.




A primera vista, no se nota que las montañas son de pan…




En esta escena alpina, bizcochos de tipo grissini y jamón de Parma se transforman en un carrito que será empujado por el camino de salami bordeado por árboles de beicon.



En este paisaje, los principales componentes son:
  • Jamón: cielo, montañas, y río,
  • Pan: rocas,
  • Bizcocho grissini: casa,
  • Salami: tejado.

En esta escena alpina, los bizcochos grissini y el jamón de Parma se transforman en un trineo empujado por las montañas de nieve hechas con otros embutidos, como mortadela. El jamón de Parma también se encuentra en los “pinos”.

El fotógrafo cuenta que ya es conocido en el vecindario de su casa, en Kent, Inglaterra, por pasar horas en las tiendas buscando los mejores brócolis o los mejores pimientos para “componer” sus escenas.
   
Para ganar en profundidad, las fotos se toman sobre mesas de 1,2 por 2,4 metros. Además, se toman por “fases” para evitar que los alimentos se marchiten antes de acabar la foto.
“Me gusta la forma en que los pequeños aspectos de la naturaleza se parecen a los grandes”, dice Carl Warner.


Confiesa que, hasta ahora, aún no consiguió convencer a sus cuatro hijos de que coman más verduras.
   
“Por lo menos no puedo decir que ellos disfruten comiéndolas tanto como yo”, afirma el fotógrafo.



Estas fotos serán usadas por una cadena de supermercados británica en una gran campaña publicitaria. Warner también piensa  reunirlas en un libro para promover la alimentación sana entre los niños.

lunes, 7 de junio de 2010

DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!

Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.

Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.

Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.

Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.
En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!

Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!

viernes, 7 de mayo de 2010

EN JAÉN, DONDE RESIDO

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa,
y diréte, Inés, la cosa
más brava d'él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.

Rebana pan. Bueno está.
La ensaladilla es del cielo;
y el salpicón, con su ajuelo,
¿no miras qué tufo da?

Comienza el vinillo nuevo
y échale la bendición:
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco fue, Inés, ese toque;
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
d'este vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Mas ya: de la del cantillo;
diez y seis vale el cuartillo;
no tiene vino más bajo.

Por Nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer:
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba;
no es menester alaballo;
sola una falta le hallo:
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin; ¿qué viene ahora?
La morcilla. ¡Oh, gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundias tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, ¡sus!, encójase y entre,
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo trasaniejo,
porque con más gusto comas;
Dios te salve, que así tomas,
como sabia, mi consejo.

Mas di: ¿no adoras y precias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica!
Tal debe tener especias.

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

¡Vive Dios, que se podía
poner al lado del Rey
puerco, Inés, a toda ley,
que hinche tripa vacía!

El corazón me revienta
de placer. No sé de ti
cómo te va. Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios.
Mas oye un punto sutil:
¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo remanecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel.
¡Alto licor celestial!
No es el aloquillo tal,
ni tiene que ver con él.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color,
todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza,
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo:
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala;
bien puede bogar su remo.

Pues haz, Inés, lo que sueles:
daca de la bota llena
seis tragos. Hecha es la cena;
levántense los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan; yo me duermo;
quédese para mañana.

Baltasar de Alcázar (1530 – 1606)

domingo, 2 de mayo de 2010

TRES COSAS ME TIENEN PRESO


Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.

Esta Inés (amantes) es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.

Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.

En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.

Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.

Y está tan en fil el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores,
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.

Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.

  
 
Baltasar de Alcázar (1530 – 1606)