martes, 3 de mayo de 2011

APRENDER SIN ESTUDIAR

Admirose un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es» 
dijo, torciendo el mostacho,
«que para hablar en gabacho,
un fidalgo en Portugal
llega a viejo, y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho.»

martes, 22 de marzo de 2011

EL BUSCADOR

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador.

Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada. Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos fueran los de un buscador y quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción: "Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía "Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
–No ningún familiar –dijo el buscador– ¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano sonrió y dijo: –Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? ¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? ¿Y el casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?, ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

jueves, 17 de febrero de 2011

FERNANDO BOTERO Y SU MEGAMUNDO

Pintor, dibujante y escultor colombiano, en el que la monumentalidad, el humor, la ironía y la ingenuidad se combinan con un admirable dominio del oficio y gran talento. En un principio sus obras revelan cierta admiración por el muralismo mexicano y la pintura del renacimiento italiano (Partida, 1954), pero más tarde estas influencias van desapareciendo en favor de un personalísimo estilo, en el que las figuras engordan y se deforman hasta cubrir en buena parte el lienzo (Prelado, 1959), los cuadros de esos años denotan la influencia del surrealismo. La historia del arte (Autorretrato con Luis XIV visto por Rigaud, 1973), la vida burguesa (Escena familiar, 1969), la cultura colombiana (Baile en Colombia, 1980) y los personajes históricos (Luis XIV y María Antonieta en visita a Medellín, Colombia, 1990) constituyen a lo largo de su carrera las principales fuentes de inspiración, de una dilatada y variada producción en la que abundan paisajes, retratos y escenas costumbristas. Sus primeras pinturas muestran una pincelada suelta y concreta, pero poco a poco ésta se empasta, al tiempo que las perspectivas y las figuras se hacen arbitrarias en función de la importancia que tengan en la representación. Óleo, acuarela, pastel, sanguina o lápiz son manejados con gran destreza a lo largo de su obra. Botero emplea la gordura como base de una cariñosa burla para comentar ciertos aspectos de la vida (La alcoba nupcial, 1958). A partir de 1960, lleva a cabo entre su variada temática una serie de obras en las que parece rendir tributo a los grandes maestros de la pintura universal como Mona Lisa a los doce años (1959), Rubens con su esposa (1965) o Autorretrato según Velázquez (1986). Su afición por los toros le lleva en la década de 1980 a dedicarse casi en exclusiva a este tema (La pica, 1984, El quite, 1988). La misma voluptuosidad e ingenuidad que caracteriza su pintura, se encuentra en la escultura cuya producción se inicia en París en 1973, se trata en su mayor parte de figuras y animales de tamaños grandiosos y desproporcionados de gran singularidad (Venus, 1977, Perro, 1981, Soldado romano, 1986, Mujer a caballo, 1991), realizados en bronce, mármol y resina fundida. En 1992 Montecarlo y los Campos Elíseos de París acogieron una Exposición de Escultura Monumental, y el Gran Palais (París) otra sobre toros, La Corrida. El tratamiento exagerado en sus proporciones de la figura humana es hoy una de las características inconfundibles de su obra, que ha sufrido pocas variaciones desde sus comienzos. En la actualidad vive entre París, Nueva York y Bogotá.

martes, 25 de enero de 2011

ALGUNOS CONSEJOS PARA SOBREVIVIR A UNA PELÍCULA DE TERROR


Consejo 1: Prohíba terminantemente a su familia asesinar brutalmente a cualquier persona susceptible de volver de la muerte con un arma blanca y muy mala hostia.



Consejo 2: Aunque parezca increíble, una linterna se ha revelado en infinidad de ocasiones como un arma alarmantemente poco efectiva a la hora de hacer frente en la oscuridad a un psicópata asesino en serie armado con una motosierra.


Consejo 3: Al contrario de lo que se piensa habitualmente, separarse del grupo para buscar al asesino pertrechado con una vela tampoco es buena idea.



Consejo 4: Si es usted un hombre nunca, pero nunca, se enrolle con la protagonista.


Consejo 5: Si es usted una mujer nunca, pero nunca, se haga amiga de la protagonista. En este caso sí se recomienda enrollarse con ella, a ser posible en la ducha mientras se asean la una a la otra sin esponja. La película de terror se transformará entonces en una porno y las dos habrán salvado la vida.


Consejo 6: Memorice esta secuencia: quitar el freno de mano, contacto y acelerar. No parece demasiado difícil, ¿verdad? Pues muchos han muerto por no ser capaces de arrancar un puto coche. Corolario al consejo 6: Lleve el coche a revisión siempre que vaya a hacer un viaje, asegúrese de que tiene batería y, por favor, no sea tan inútil como para quedarse sin gasolina. Apunte al corolario del consejo 6: Si alguien le dice “Quédate en el coche”, quédese en el coche. Apóstrofe del apunte al corolario del consejo 6: Pero deje el motor encendido, mire bien el asiento de atrás, eche el seguro, cierre las ventanillas y no se quede dormido.


Consejo 7: Si alguien le dice: “Aquí estaremos seguros”, vaya inmediatemente a otro lugar. Excepción al consejo 7: Si todos, incluida la protagonista, deciden quedarse y dejan que usted se vaya solo, quédese. Si lo abandona, descubrirá que aquel era realmente un sitio seguro.



Consejo 8: Si oye un ruido que sospecha puede ser provocado por un asesino, corra en dirección contraria. No vaya hacia el ruido, aún en el caso de que esté armado con una linterna.


Consejo 9: Si es usted una mujer, no es buena idea llevar tacones de ocho centímetros a una excursión por el monte. Apéndice del consejo 9: De hecho, no es buena idea nunca. Es más, es una estupidez. Y es antiestético. Apéndice del apéndice del consejo 9: Además jamás se pasee en ropa interior ni vaya a comprobar si la puerta está cerrada.


Consejo 10: Evite, en la medida de lo posible, practicar la ouija en un cementerio perseguido por una tenebrosa maldición.


Consejo 11: Si es usted negro, procure que nadie se de cuenta.


Consejo 12: Si pertenece a cualquier otra minoría racial, haga lo mismo que el negro.


Consejo 13: Si el asesino ha conseguido acorralarles, póngase al lado del negro. Seguro que le mata antes a él y usted puede huir gritando “¡Dios Mío, Jerry!” mientras ve cómo lo despedaza.


Consejo 14: Si es usted alto, guapo y fuerte, dese por jodido. Huya de la ciudad, del país, del continente… o estará muerto en la tercera escena. Si se burlaba de sus compañeros de instituto o facultad, estará muerto en el tercer plano.


Consejo 15: El asesino no se va a asustar porque se quede parado frente a él y comience a gritar. Salir corriendo siempre es la mejor alternativa. Tampoco se a va a apiadar de usted por mucho que se lo suplique.


Consejo 16: No haga chistes. El personaje gracioso siempre muere.



 Consejo 17: Si es usted asmático, paralítico o tiene cualquier otra enfermedad o tara, procure pasárlo lo mejor posible. Incluso, si tiene ocasión, intente echar un polvo. Al fin y al cabo, haga lo que haga le van a matar.